Este verano que se despide ha sido uno de los más pródigos en acontecimientos de naturaleza política. En cabeza la invasión sufrida por Ceuta. Tolerada y puede que estimulada por Marruecos en la primera avalancha (30 de julio) y reprimida en el segundo intento el pasado 15 de agosto. De semejantes hechos cabe extraer dos conclusiones. Marruecos se aprovecha de la debilidad del Gobierno español tanto en la política interior -seguimos por tercer año sin Presupuestos y con una agenda judicial repleta de casos de corrupción- y precariedad también en política exterior en razón de la mala relación con Washington y las tensiones con los socios de la UE que critican abiertamente las decisiones de Pedro Sánchez en materia de emigración. La debilidad que detecta Rabat se agrava en razón del nunca esclarecido episodio de espionaje conocido como el “caso Pegasus” cuya sombra cada día parece más alargada.
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